Evidentemente gran parte de la responsabilidad la tiene el propio Ministerio y las respectivas Consejerías, porque es el momento de volver la mirada al profesor y no sólo al alumno. Hasta el día de hoy, en Extremadura, se ha dado gran importancia al desarrollo de los valores de nuestros alumnos dando lugar a una “educación en valores” y a una educación individualizada que atiende las necesidades que plantean todos y cada uno de nuestros alumnos. Un añadido por parte de nuestra Consejería de Cultura es la gran cantidad de proyectos y programas con el objetivo de hacer a nuestros alumnos lo más competentes posibles para que puedan desempeñar en un futuro sus habilidades ante las exigencias que plantea la sociedad en la que vivimos, que por otra parte, y está bien decirlo, exige mucho porque está en continuo cambio y transformación.
Pero, ¿qué pasa con los docentes? Porque está claro que el profesor está poniendo todo su empeño para que todos estos proyectos y refuerzos se lleven a cabo y lleguen a buen puerto; somos las manos de la Consejería, los obreros de esta pequeña construcción de conocimiento, en definitiva, el instrumento necesario para formar y educar.
Y ¿qué ocurre cuando esa herramienta o instrumento no funciona correctamente? Desde luego un cocinero no podrá hacer dulces si su horno no funciona, o un diseñador gráfico no podrá hacer sus páginas webs si el programa que utiliza no está bien programado. El docente tampoco puede llevar a cabo su función si está “estropeado” o “mal programado”.
Yo creo que así como se está volcando tanto la Consejería en los alumnos y las familias es momento de crear una nueva mirada hacia la figura del profesor. Un docente motivado es un docente satisfecho de su trabajo, y por lo tanto de un trabajo bien hecho.
Habría que plantearse cómo conseguir esa motivación y esa resolución de problemas con el fin de hacer que el maestro y el profesor vuelvan a sentir la vocación y dejen de pensar que lo que un día era una profesión soñada ahora sea sólo un trabajo más con una gratificación económica y segura cada mes.
Considero, y en esto creo que todos los docentes estarán de acuerdo, que es mucho más gratificante pensar que ese joven que ya es dependiente y tiene un buen trabajo, que se ha convertido en una gran persona, fue un día tu alumno. Y es mucho más satisfactorio a largo plazo creer y sentir que algo tuviste que ver, aunque solo sea un poquito, en lo que se ha convertido hoy ese antiguo alumno. Y esto es lo hermoso de una profesión en la que se trabaja con personas, porque en definitiva todo se simplifica en eso mismo: ser personas y crear una relaciones de concordia y convivencia.
Pero para que esto ocurra, para empezar, el profesor debe sentirse tan protegido como lo está el propio alumnado. Debe sentirse arropado y cuidado, y recuperar la fe en sí mismo. Motivar a un docente es volver a despertar en él el engrandecimiento que anteriormente había conseguido este gremio donde la figura de un maestro o un profesor era como la de un padre o madre entregado e interesado por los más jóvenes. Y cuando ese vínculo se crea todo se vuelve necesariamente más personal, y es un punto ganado, porque los alumnos también van buscando esa necesidad de vínculo, de saber, de conocer a la persona que tienen delante. Nada más hay que observar con qué curiosidad intrigan y preguntan: porque necesitan estrechar relaciones. Cuando este vínculo está roto, el clima en el aula se torna negativo, tenso, y se transforma en desmotivación por ambas partes.
Para que el docente se sienta motivado, repito, debe estar y sentir que está protegido. Porque al fin y al cabo también es ser humano, con limitaciones, con sentimientos, con defectos y valores, con errores, y por todo ello quiere ser elogiado y perdonado. No con temor; también necesitamos de refuerzos positivos, no ser “castigados” o “juzgados” a la ligera.
Sé que es muy fácil decir unas cuantas palabrejas comos acabo de hacer yo ahora mismo sin proponer válidas soluciones. Bueno, es que ya lo dije, sólo fue una reflexión instantánea. Pero sí me gustaría que esto fuera más bien un llamamiento o la intención de mover un brazo para dejar una ventana abierta.
Sigue parte 3 / 3
lunes 30 de marzo de 2009
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1 comentarios:
Creo que hoy día no podemos ser "padres" para nuestros alumnos, estrechar esos lazos. Yo necesito mantenerme distante con ellos, si no se te suben a la chepa.
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