
Hasta hoy cuando un universitario finalizaba su carrera universitaria y quería dedicarse a la enseñanza debía realizar el curso del
CAP para capacitarse en dicho sector. Pero lo cierto es que esta capacitación
es insuficiente desde mi punto de vista, especialmente cuando se realiza a distancia (como fue mi caso particular) y no dispones de más material que la teoría pura y dura lejos de toda práctica. La consecuencia es que acaba siendo una pérdida de tiempo y los futuros docentes continuan vacíos en materia pedagógica.
Las carencias son más evidentes a la hora de enfrentarnos por primera vez al aula en las prácticas que se desarrollan durante unos 30 días más o menos, pero lejos de ser una práctica guiada es más tirarnos al circo con los ojos vendados.
Considero que las nuevas circunstancias que rodean a la educación de los jóvenes exige una capacitación necesaria y muy experimental además de una continua formación posterior a lo largo de toda la función docente, es decir, una educación permanente del profesorado que constituye toda una necesidad por los avances que experimentamos día tras día.
La idea de crear una "Autoformación" del docente constituiría una de las estrategias para ese ajuste preciso y permanente ante las exigencias laborales. Este concepto de "Autoformación del docente" (creado y desarrollado por mí misma si me lo permiten) sería sólo una parte de todo un proceso de formación del docente mucho más amplio que el propio CAP y que consistiría fundamentalmente en construir nuestra propia formación, nuestra cualificación, siempre eso sí, guiada correctamente. Dicho procedimiento permite el perfeccionamiento de las prácticas docentes no sólo en sus conocimientos sino también en sus conductas sociales, muy necesarias y oportunas ante las diversas problemáticas en las que se ven inmersos los centros escolares.
La autoformación permitiría a los futuros docentes aprender las estrategias y metodologías necesarias para abordar la realidad del aula fomentando la motivación, la competitividad y el aprendizaje. Este proceso permite que el docente antes de llegar al aula real lleve a la práctica la teoría aprendida para autocorregirse y autoevaluarse, permitiendo corregir los errores y potenciar las competencias. Ello se consigue con simulaciones de sesiones docentes como si se tratara de una práctica real donde a través de vídeos y supervisión de pedagogos y psicólogos, el futuro docente desarrolle sus capacidades. Este tipo de formación completa los conocimientos:
a) adquiriendo prácticas y técnicas para enfrentarse al aula,
b) aprender a comunicarse,
c) transmitir correctamente la enseñanza,
d) orientar a los alumnos,

e) solucionar problemas,
f) emplear de forma adecuada el lenguaje verbal y el no verbal,
g) mejorar la organización de los contenidos,
h) enseñar correctamente a los alumnos técnicas de aprendizaje intelectual,
i) ampliar una labor satisfactoria de nuestra labor y la de los alumnos,
j) estimular la curiosidad y la atención,
... ETC.
Y todo ello en torno a un clima organizado y motivador, con una constante productividad y calidad de nuestro trabajo y proporcionarnos las herramientas necesarias para adaptarnos a las necesidades futuras.
Esta nueva formación más práctica y efectiva permite incluir en nuestros centros, docentes más preparados y cualificados capaces de responder a las necesidades requeridas hoy que limitan la realización coherente y gratificante de las funciones profesionales y en definitiva, afectar a los primeros receptores: los alumnos.
Por supuesto es un proyecto que debe abordarse de una forma más extensa y cuidadosa centrando los objetivos y contenidos precisos para desarrollarlo, pero que es vital llevarlo a cabo para renovar la escasa formación que se imparte hoy. Y por supuesto sería complemetario a una ardua formación como es el CAP pero más evolucionado y adaptado a la Sociedad de la Imaginación y de las NNTT.